A partir de las denuncias recientes del Colegio de Médicos de la provincia de Buenos Aires y de distintas organizaciones sanitarias, el mapa de la vacunación en territorio bonaerense aparece atravesado por una expresión que se repite en boca de los profesionales: «colapso absoluto». Sobre la base de datos oficiales, advertencias de especialistas y alertas epidemiológicas, los médicos sostienen que el sistema de inmunización enfrenta una crisis estructural que ya no se limita a la caída en las coberturas, sino que se traduce en la reaparición de enfermedades prevenibles como sarampión, coqueluche y poliomielitis. Lejos de ser un problema sectorial, describen una situación que califican como emergencia epidemiológica y que, de no revertirse, puede derivar en brotes de gran impacto sanitario y económico.
Las señales de alarma se acumulan desde hace al menos una década, pero se profundizaron tras la pandemia de COVID-19. Informes de organismos nacionales e internacionales muestran que, entre 2015 y 2024, Argentina registró una caída generalizada en las tasas de inmunización infantil, con ninguna vacuna de calendario alcanzando el 95% de cobertura necesario para prevenir brotes de patologías altamente contagiosas. En 2010, el refuerzo de la vacuna triple bacteriana llegaba al 97% de la población infantil; en 2024, apenas la recibió el 46,4%. En la provincia de Buenos Aires, los datos más recientes son todavía más crudos: todas las coberturas pediátricas obligatorias se ubicaron por debajo del 40%, con casos extremos como la tercera dosis de la quíntuple, aplicada solo al 18% de los niños que debían recibirla. Para los médicos bonaerenses, estas cifras no representan un mero desvío estadístico, sino la evidencia de un sistema de vacunación “en retirada”.
El impacto de esa caída ya se verifica en el terreno. Boletines epidemiológicos provinciales y municipales advierten que el riesgo de brotes de sarampión se encuentra “aumentado” por las bajas coberturas de la vacuna triple viral, e instan a aprovechar cada contacto con el sistema de salud para completar esquemas atrasados. Las autoridades de vigilancia sanitaria registran además coberturas contra coqueluche muy por debajo de las metas en todas las regiones sanitarias, tanto en los primeros meses de vida como en personas gestantes, lo que multiplica el riesgo para los lactantes, el grupo más vulnerable. A ello se suma el diagnóstico de organismos de derechos humanos y sociedades científicas que enumeran un aumento preocupante de enfermedades prevenibles por vacunas en un contexto de alertas regionales de la OPS y de evaluación de “alto riesgo” para la salud pública. La combinación de baja inmunización y circulación viral, remarcan los médicos, es el caldo de cultivo perfecto para que reaparezcan patologías que el país consideraba controladas.
La crisis, sin embargo, no se explica solo por números. Los profesionales señalan una conjunción de factores que va desde la falta de políticas de vacunación sostenidas, recortes y desarticulación de programas territoriales, hasta la expansión de los movimientos antivacunas y la pérdida de confianza en las instituciones sanitarias. Especialistas en salud pública subrayan que más de la mitad de los niños argentinos no tiene hoy el carnet de vacunación completo, y que la desinformación, la “falta de promoción en salud” y la naturalización del riesgo forman parte de las causas centrales de la caída. A la vez, gremios como la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud bonaerense describen un sistema público “saturado y al borde del colapso”, con equipos agotados física y mentalmente, que intenta sostener la atención cotidiana mientras se le exige, además, recuperar esquemas de vacunación perdidos en los últimos años.
Frente a ese escenario, el Colegio de Médicos bonaerense y distintas entidades del sector reclaman que la vacunación vuelva al centro de la agenda sanitaria. Piden campañas masivas, sostenidas y coordinadas entre Nación, Provincia y municipios; refuerzo de los equipos de atención primaria; estrategias “casa por casa” en barrios populares; y una política activa de combate a la desinformación que incluya a escuelas, medios y redes sociales. Los especialistas insisten en que no se trata solo de aplicar más dosis, sino de reconstruir un entramado de confianza con la población y de asegurar condiciones materiales para que los vacunatorios funcionen de manera regular. A la vez, recuerdan que cada punto porcentual perdido en cobertura hoy puede traducirse en camas ocupadas, muertes evitables y retrocesos de décadas en salud pública mañana. Bajo ese prisma, la declaración de emergencia epidemiológica que impulsan los médicos bonaerenses es, más que un gesto simbólico, un intento de que el colapso silencioso de la vacunación deje de ser estadística y se convierta en prioridad política.