En la provincia de Buenos Aires conviven, a pocos kilómetros de distancia, dos realidades opuestas del transporte público: algunas de las tarifas de colectivo más caras del país y, al mismo tiempo, algunos de los boletos más baratos del ranking nacional. Esa dualidad se hizo visible a partir de un relevamiento elaborado por la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), que ordenó las ciudades según el valor de su pasaje mínimo urbano. El estudio evidenció que la costa bonaerense y el conurbano aparecen en los extremos de la tabla.
Detrás de esa disparidad se combinan diferentes niveles de subsidios, decisiones municipales sobre los cuadros tarifarios y la política nacional de transporte, que impactan de manera desigual según la jurisdicción.
En la franja costera de la provincia se concentran varios de los boletos más caros del país, con Pinamar como caso emblemático. El balneario, que se prepara cada año para la temporada de verano, encabeza el ranking nacional con una tarifa mínima de 2.105 pesos, muy por encima de la media nacional y de lo que se paga en las grandes ciudades del área metropolitana. El dato implica que un viaje corto en Pinamar puede costar casi seis veces más que el boleto mínimo en el conurbano bonaerense, donde la tarifa se mantiene en 371 pesos mientras las cámaras empresarias reclaman aumentos que la Secretaría de Transporte todavía no habilita. En la misma región costera, Mar del Plata aparece también en los primeros puestos del listado, con un boleto mínimo de 1.180 pesos, reflejando el peso del ajuste tarifario en uno de los principales destinos turísticos del país.
El mapa tarifario bonaerense muestra que no solo los centros turísticos de primera línea registran valores elevados. Más abajo en el ranking, pero siempre en la franja alta, figuran ciudades como Tandil y Necochea, con tarifas mínimas de 1.090 y 1.080 pesos respectivamente. Se trata de localidades con fuerte perfil turístico que, sin embargo, cargan con esquemas de financiamiento del transporte menos dependientes de subsidios nacionales, lo que se traduce en pasajes sensiblemente más caros para los usuarios. Incluso el partido de La Costa, tradicional corredor de balnearios populares como San Bernardo y San Clemente del Tuyú, se ubica en la parte media-baja del ranking con un boleto mínimo de 698 pesos, un valor que sigue muy por encima de lo que se paga en el área metropolitana pero que lo deja lejos de los extremos más altos de la lista. Estas cifras se inscriben en un contexto nacional donde el boleto promedio en principales ciudades ronda los 596 pesos, más del doble del nivel del AMBA.
En el otro extremo del tablero aparece el conurbano bonaerense, que se sostiene como una de las zonas con boleto más barato del país gracias al peso de los subsidios nacionales. Allí, según la propia AAETA y distintos informes técnicos, el pasaje mínimo se ubica en torno a los 371 pesos en un esquema fuertemente compensado por transferencias del Estado, que cubren buena parte del costo real del servicio. La diferencia se agranda cuando se compara con distritos del interior donde la ayuda nacional es mucho menor o inexistente, como Santa Fe capital, Córdoba o Bariloche, que aparecen en los primeros lugares del ranking con tarifas que pueden triplicar los valores del AMBA. El mismo patrón se observa dentro de la propia provincia: mientras las líneas de jurisdicción bonaerense tienen boletos mínimos más altos que las nacionales o las que circulan por la Ciudad de Buenos Aires, el área metropolitana sigue funcionando como un “refugio tarifario” frente al interior.
La brecha no solo se explica por la geografía, sino por la arquitectura de subsidios y regulaciones vigente. En el AMBA, el Gobierno nacional sostiene un esquema con tarifa social y compensaciones directas a las empresas que permite mantener pasajes más bajos respecto del interior del país. En cambio, en muchas ciudades de la costa bonaerense el financiamiento descansa en mayor medida sobre la recaudación por boleto, lo que presiona al alza los cuadros tarifarios y termina reflejándose en el ranking elaborado por los empresarios del transporte. En la provincia de Buenos Aires además se toman decisiones propias, como la eliminación del beneficio de la Red SUBE en líneas provinciales, que encarece el costo del segundo y tercer viaje respecto de CABA y las líneas nacionales. De este modo, la misma jurisdicción contiene realidades tarifarias que responden a diferentes reglas de juego.
El resultado es una foto nítida de las desigualdades del transporte urbano: la provincia de Buenos Aires aparece simultáneamente como sede del boleto más caro del país, en la exclusiva Pinamar, y de uno de los más baratos, en el densamente poblado conurbano sostenido por subsidios. Para los usuarios, esto se traduce en que recorrer unos pocos kilómetros puede implicar multiplicar por cinco o seis el costo de cada viaje, según la ciudad y el tipo de línea que utilicen. Para los gobiernos, el desafío pasa por definir cómo equilibrar un sistema que hoy combina tarifas muy altas en localidades donde el transporte es clave para la vida cotidiana y el turismo, con valores fuertemente intervenidos en el área metropolitana. Mientras tanto, el ranking de AAETA funciona como un termómetro de esa tensión, mostrando que, al menos por ahora, el boleto de colectivo en la provincia de Buenos Aires es un reflejo de las profundas diferencias de modelo y de recursos entre el interior y la región más subsidiada del país.