La metalurgia argentina, en el pozo de la crisis: un 2025 para el olvido, con Buenos Aires a la cabeza del derrumbe
La industria metalúrgica del país cerró el 2025 con una caída del 0,9% respecto a 2024, profundizando una recesión que ya venía castigando al sector con un desplome del 12,1% el año anterior. Según el último informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA), la producción se estancó en niveles similares a los de la pandemia de 2020, con un retroceso acumulado del 20% desde sus picos recientes a mediados de 2023. En diciembre, el bajón fue brutal: -7,1% interanual y -1,3% mensual, borrando cualquier ilusión de rebote.
Las fábricas metalúrgicas operan a media máquina, con un uso de la capacidad instalada que se desplomó al 44%, uno de los pisos históricos que deja más de la mitad de la infraestructura parada como un elefante blanco. «Esto no es solo recesión, es un grito de auxilio para sostener costos con máquinas frías», advierten desde ADIMRA, donde el panorama por rubros es desolador: fundición se hundió un 19,8%, maquinaria agrícola un 8,5%, equipamiento eléctrico un 7,1%, autopartes un 5,8% y bienes de capital un 5,4%. Solo carrocerías y remolques escaparon con un tímido 1,5%, pero ni eso alcanza para maquillar la debacle.
El mapa de la tragedia golpea más fuerte en el corazón industrial del país, con Buenos Aires como la provincia más azotada por un retroceso del 9,2%, seguida de cerca por Córdoba (-8,6%) y Santa Fe (-7,3%). Mendoza (-2%) y Entre Ríos (-1,6%) también sienten el vendaval, pero el conurbano bonaerense lleva la peor parte, con pymes al borde del abismo que denuncian una «crisis productiva» que ahoga al tejido social. Elio Del Re, presidente de ADIMRA, lo resume sin anestesia: «Cerramos 2025 peor que 2024, un año ya regresivo, con importaciones que crecieron más del 70% interanual mientras el consumo se va al tacho».
La pinza es letal: un mercado interno deprimido por la caída del consumo y una apertura comercial que inunda con importaciones un 18,9% más altas en noviembre, mientras las exportaciones se derrumban un 10,4%. «Es una tormenta perfecta para el fabricante nacional», dispara Del Re, apuntando al modelo económico que prioriza energía y agro pero deja a la industria en pañales. El empleo ya acumula una baja del 2,5% anual, con despidos y suspensiones que empiezan a multiplicarse en pymes frágiles.
El futuro pinta negro como el carbón sin llama: ocho de cada diez empresas metalúrgicas esperan estancamiento o más caídas en producción, demanda e inversión, sin chances de contratar y con recortes en el horizonte. ADIMRA clama por una política industrial integral ya, antes de que el sector se evapore como humo de alto horno apagado. ¿Escuchará el Gobierno este alerta roja desde las usinas bonaerenses y el resto del país?