Atención, che! La provincia de Buenos Aires se plantó con su propia reforma laboral y metió mano en las horas extra de la Bonaerense, en un claro desafío a la movida nacional de Milei que ya pasó por el Senado. Mientras el Gobierno nacional flexibiliza despidos e indemnizaciones con media sanción en la Alta, acá en la tierra del peronismo, Kicillof no se queda de brazos cruzados y anuncia cambios para los efectivos policiales, priorizando la seguridad pública por sobre la flexibilización general.
El anuncio provincial llega en medio del quilombo por la reforma mileísta, aprobada en el Senado con 42 votos a favor y 30 en contra, tras 14 horas de debate y manifestaciones en las calles porteñas. El texto nacional introduce el «salario dinámico» por mérito, fondos de asistencia laboral para indemnizaciones inembargables y permite estirar la jornada a 12 horas diarias respetando 12 de descanso, pero elimina conceptos como aguinaldo o vacaciones de las indemnizaciones. En Buenos Aires, en cambio, el foco está en las horas extra policiales: se reformula su pago para hacerlo más eficiente, sin tocar el grueso de la LCT, alertando que la nacional no genera empleo sino precarización y desindustrialización.
Desde el Gobierno provincial, el jefe de Gabinete Carlos Bianco declaró que esta movida bonaerense busca blindar a la policía, un sector clave en la seguridad, mientras critican que la reforma de Milei «no moderniza nada» y solo facilita despidos sin crear puestos formales. Gobernadores peronistas, en un comunicado filoso, sumaron su rechazo diciendo que «no generará más empleo y afectará las economías regionales», con Kicillof a la cabeza oponiéndose a la eliminación de protecciones históricas contra despidos injustificados. El oficialismo nacional defiende que las altas indemnizaciones frenan la contratación formal –casi la mitad de los laburantes está en negro– y promete empleos con menos litigiosidad.
Ahora, la pelota está en Diputados para la reforma nacional, donde el Gobierno analiza ceder en cambios como licencias médicas (retiraron el artículo que modificaba pagos por enfermedades graves) para lograr sanción antes del 1° de marzo, antes de la Asamblea Legislativa. Provincias Unidas complica el quórum con sus 18 diputados, y el Ejecutivo tantea modificaciones para no patinar. En este ping-pong federal, Buenos Aires marca terreno: su reforma policial es un guiño a la autonomía provincial, recordando que la fiscalización laboral era compartida entre Nación y distritos hasta la centralización vía ARCA en el proyecto mileísta.
El debate pinta bravo: sindicatos y peronistas ven en la nacional un retroceso a derechos obreros ganados a pulmón, mientras libertarios juran que desatasca un mercado laboral estancado 14 años. Acá en la Provincia, con Bianco al frente, se avisa que no hay margen para desindustrializar más: la reforma local en horas extra policiales es un primer intento, pero ¿llegará a más sectores? Mientras el Senado giró 58 modificaciones al texto nacional –desde negociación por empresa hasta fraccionamiento de vacaciones–, Buenos Aires juega su propia liga, en un federalismo que Milei pretende recortar.