Argentina ha registrado en el primer semestre de 2026 el consumo de carne vacuna más bajo en tres décadas, con una caída interanual del 11,5% y un promedio de apenas 47 kilos por habitante al año. La combinación de una menor producción, un aumento en las exportaciones y precios internos muy elevados ha creado un escenario inédito para un país históricamente conocido por su fuerte cultura del asado.
Según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), el abastecimiento del mercado interno entre enero y junio totalizó 1.019.430 toneladas res con hueso, lo que representa casi 132.000 toneladas menos que en el mismo período del año pasado. En términos históricos, este es el peor primer semestre desde mediados de los años 90, un piso que no se había observado ni siquiera en etapas de crisis económicas profundas o de fuerte liquidación de hacienda.
Medido como promedio móvil de los últimos doce meses, el consumo per cápita se ubicó en 47 kilos anuales por habitante, un nivel 8,2% inferior al de un año atrás, lo que equivale a 4,2 kilos menos por persona. Esta tendencia no es nueva: estudios de la UADE muestran que, en tres décadas, el consumo de carne vacuna en Argentina ha bajado de unos 74 kilos a alrededor de 51 kilos por habitante, una caída cercana al 31%. El nuevo registro de 2026 profundiza esa trayectoria descendente y establece un mínimo que rompe el piso observado en los últimos años.
Los factores detrás de este derrumbe son múltiples, pero los analistas coinciden en tres claves: menor producción, mayor proporción de la faena destinada a la exportación y pérdida del poder adquisitivo de los salarios. La oferta interna se ha visto recortada en un contexto de restricciones productivas y recomposición del stock, mientras que el incremento de los envíos al exterior redujo el volumen disponible en el mercado doméstico. Al mismo tiempo, la carne vacuna ha registrado alzas de precios que superan el ingreso de los hogares, lo que ha obligado a muchos consumidores a reducir porciones, espaciar las compras o reemplazar cortes tradicionales por alternativas más económicas.
Este panorama reaviva un debate de fondo sobre el lugar de la carne vacuna en la mesa argentina. A pesar de que el país sigue estando entre los mayores consumidores del mundo, los especialistas señalan que, además del impacto del ajuste económico, se consolidan cambios estructurales en los hábitos alimentarios: una mayor presencia de carnes aviar y porcina, y, en los segmentos más jóvenes, decisiones de reducir o eliminar el consumo de carne por razones éticas, ambientales o de salud. Con un primer semestre que marca un hito negativo en tres décadas, la incógnita ahora es si esta caída se quedará como un bache asociado a la coyuntura económica o si será el punto de partida de un nuevo umbral, más bajo, para el consumo de carne vacuna en Argentina.