La inflación de agosto fue de 1,7%, según el INDEC, pero las canastas básicas avanzaron por encima de ese registro y volvieron a presionar sobre el poder de compra de los hogares. El dato confirmó una desaceleración frente al 2,1% de julio, aunque no implicó una mejora equivalente en el costo de los alimentos y productos esenciales.
De acuerdo con la cobertura de La Nación, el IPC nacional de agosto mostró la menor suba mensual en más de un año y el ritmo más bajo para un mes de agosto desde 2017. Ese comportamiento estuvo influido por los estacionales, mientras que la inflación núcleo se mantuvo estable, lo que sugiere que la desaceleración general no fue homogénea en todos los rubros.
Sin embargo, la mejora en el índice general no alcanzó para aliviar completamente la situación de las familias. Página 12 destacó que las canastas de pobreza e indigencia subieron por encima de la inflación, un dato que refleja que los gastos básicos siguieron encareciéndose más rápido que el promedio de precios. En términos concretos, eso significa que cubrir la alimentación y el resto de los consumos indispensables demandó más ingresos que un mes atrás.
El contraste entre la inflación general y las canastas básicas es clave porque muestra dos velocidades distintas en la economía. Mientras el IPC marcó 1,7% mensual, el avance de la canasta básica dejó en evidencia que los hogares de menores ingresos siguen siendo los más expuestos a las subas de productos esenciales. En ese marco, el dato oficial fue leído como una señal de desaceleración, pero no como una solución para la pérdida acumulada de capacidad de compra.
Desde el Gobierno, el ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el resultado al remarcar que el IPC de agosto fue el más bajo desde junio del año pasado y el menor para un agosto desde 2017. Aun así, el movimiento de las canastas sugiere que el alivio fue parcial y que la recomposición del bolsillo todavía está lejos de sentirse de manera uniforme en todos los sectores.