El transporte público nacional vuelve a ser noticia: el Gobierno ha oficializado un nuevo esquema de aumentos que impacta directamente en los trenes y colectivos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), así como en los servicios ferroviarios metropolitanos, regionales y de larga distancia. Esta actualización, enmarcada en un proceso de participación ciudadana no vinculante, se da en un contexto de tensión entre la necesidad oficial de reducir subsidios y el malestar creciente de los usuarios, que ven encarecer mes a mes uno de los servicios esenciales para la vida cotidiana.
El nuevo cuadro tarifario comenzará a regir a partir del lunes 18 de mayo y prevé una mecánica escalonada: los incrementos en los colectivos nacionales del AMBA se concentrarán entre mayo y julio, mientras que los trenes tendrán subas consecutivas hasta septiembre. En el caso de los colectivos, el primer tramo del aumento se aplica desde esa fecha y alcanza a las líneas suburbanas del Grupo I, que conectan la Ciudad de Buenos Aires con el primer y segundo cordón del conurbano bonaerense. Para esos servicios, el boleto de 0 a 3 kilómetros costará 714 con tarjeta SUBE registrada y 1.428 para quienes aún no registraron la tarjeta a su nombre. Los tramos superiores también se encarecen: de 3 a 6 kilómetros se pagará 807,07 con SUBE nominada y 1.614,14 sin registrar, mientras que para los viajes de 6 a 12 kilómetros la tarifa será de 894,17 y 1.788,34, respectivamente.
El pulso del aumento continúa en los trayectos más extensos. Para viajes de 12 a 27 kilómetros, el boleto se ubicará en 983,78 con SUBE registrada y en 1.967,56 para quienes no tengan la tarjeta nominalizada. En los recorridos de más de 27 kilómetros, el valor aumenta a 1.085,49 con SUBE nominada y a 2.170,98 en el caso de tarjetas sin registrar. Este esquema consolida una fuerte diferenciación tarifaria entre usuarios que realizaron el registro y aquellos que aún no lo hicieron, una política que comenzó a aplicarse en el AMBA como herramienta para ordenar el sistema de subsidios y focalizar los beneficios en quienes efectivamente utilizan el transporte público a diario. En paralelo, ya están previstos nuevos ajustes para el 15 de junio y el 15 de julio, que completarán un aumento acumulado superior al 6% en los colectivos nacionales, según los cuadros difundidos por la Secretaría de Transporte.
El impacto en los trenes será incluso más profundo. Las líneas Mitre, Sarmiento, San Martín, Roca, Urquiza, Belgrano Norte y Belgrano Sur aparecen entre las más afectadas por el nuevo esquema de actualización, que proyecta una suba de hasta 90% en el boleto mínimo entre mayo y septiembre. De acuerdo con las propuestas oficiales, el pasaje básico con SUBE registrada pasará de los 280 actuales a 330 en la primera etapa, para luego seguir aumentando de manera escalonada. Las subas se repartirán en cinco tramos mensuales consecutivos, lo que llevará al boleto mínimo a rondar los 530 al final del período. Para los usuarios alcanzados por la Tarifa Social —jubilados, pensionados y beneficiarios de asignaciones— se mantendrá un valor diferencial, aunque también sujeto a la nueva curva de incrementos. En el extremo más oneroso, quienes opten por pagar en efectivo en boletería, sin tarjeta SUBE, deberán afrontar una tarifa significativamente más alta, que arranca en 1.100 en mayo y podría alcanzar los 1.700 en septiembre.
Detrás de los números se perfila una crisis estructural del transporte público: empresas que reclaman mayor actualización de tarifas y subsidios para cubrir el aumento del combustible y otros costos operativos, y usuarios que encuentran cada vez menos unidades en la calle y boletos más caros. Las audiencias públicas convocadas por el Gobierno buscan darle un marco de discusión y participación ciudadana a decisiones que, en la práctica, ya parecen encaminadas por la necesidad fiscal y la presión empresaria. Mientras tanto, el AMBA sigue exhibiendo una fuerte brecha con el interior del país, donde los pasajes superan ampliamente los valores de referencia nacionales y los gobiernos locales cuestionan la distribución de recursos para el transporte. En este escenario, cada nuevo aumento de trenes y colectivos no solo redefine el costo de viajar, sino también el mapa de desigualdades y tensiones que atraviesa al sistema de movilidad en la Argentina.