La nota de Infocielo revela que la provincia de Buenos Aires vivió en estas vacaciones de invierno su peor temporada desde la pandemia, con una significativa caída del movimiento turístico y del consumo en los principales destinos bonaerenses.
Lejos de la recuperación esperada por muchos para este invierno, los datos proporcionados por cámaras empresariales, municipios y operadores turísticos reflejan un escenario de evidente retroceso. En los partidos de la Costa Atlántica, las sierras y los destinos rurales de la provincia se registró una importante disminución en la cantidad de visitantes, lo que resultó en menos reservas, menor ocupación y un consumo limitado en comercios, gastronomía y servicios. Por el contrario, algunos centros turísticos del interior del país consiguieron atraer a una mayor cantidad de turistas, según informes nacionales, lo que acentuó la sensación de un «mal invierno» en territorio bonaerense.
El artículo destaca que esta baja no se puede entender sin considerar el contexto económico general. La caída del poder adquisitivo, el encarecimiento de paquetes turísticos y el aumento de costos básicos como transporte y alojamiento impactaron directamente en la decisión de viajar. Algunos referentes del sector privado consultados señalan que muchas familias optaron por reducir los días de estadía, elegir destinos más económicos o directamente cancelar sus vacaciones, privilegiando el ahorro frente a la incertidumbre económica. Además, parte del gasto turístico se desplazó hacia otros atractivos, como grandes eventos deportivos internacionales, que capturaron el interés y los recursos de una porción de la clase media.
En la provincia, los efectos se sintieron de forma desigual. Algunas localidades de sierras y ciertos enclaves de turismo rural mantuvieron cierto nivel de demanda, pero lejos de los registros de años anteriores. En la Costa Atlántica, tradicional termómetro de la temporada invernal bonaerense, los operadores describen las “peores vacaciones de invierno en cuatro años”, con caídas de dos dígitos tanto en arribos como en consumo diario. Esta combinación de menos turistas y menor gasto por persona llevó a muchos hoteles, restaurantes y comercios a trabajar con promociones agresivas y márgenes muy ajustados, en un intento por sostener la actividad en plena temporada alta.
Funcionarios provinciales y representantes de cámaras empresariales coinciden en que este invierno encendió alarmas para el sector turístico bonaerense. Mientras que a nivel nacional el movimiento general de turistas mostró un leve crecimiento respecto al año pasado, impulsado en parte por el arribo de extranjeros, la provincia quedó rezagada con números que recuerdan a los años inmediatamente posteriores a la pandemia. El debate que se plantea ahora es sobre qué políticas de promoción, incentivos y alivio fiscal deberían implementarse para evitar que el próximo receso invernal repita este escenario y para que los destinos bonaerenses vuelvan a competir en mejores condiciones dentro del mapa turístico nacional.