La ola de frío polar que se instaló sobre gran parte del país reavivó un viejo debate técnico con un impacto directo en el bolsillo: ¿qué se considera zona «templada» y qué zona «fría» al calcular las tarifas de gas? En medio de temperaturas históricamente bajas y alertas por frío extremo en buena parte del territorio nacional, ocho de las ciudades más afectadas por esta irrupción polar se encuentran en la provincia de Buenos Aires, pero no todas disfrutan de los mismos beneficios tarifarios pese a atravesar condiciones similares.
El fenómeno meteorológico que golpea al Cono Sur se explica por el avance de una masa de aire polar que empuja aire muy frío desde latitudes altas hacia el centro y norte de Argentina. Según los organismos meteorológicos nacionales y la Organización Meteorológica Mundial, en amplias zonas de la Patagonia y Cuyo se registran valores cercanos a los -15 °C, con mínimas de hasta -16 °C en áreas cordilleranas y patagónicas, mientras que en regiones centrales las temperaturas se ubican entre 10 y 15 grados por debajo de los promedios estacionales. En paralelo, la ola polar se hace sentir en la franja bonaerense con heladas, sensación térmica por debajo de cero y un aumento significativo en la demanda de calefacción residencial y comercial.
Este escenario extremo pone de manifiesto las desigualdades que surgen de la clasificación oficial de las zonas tarifarias para el gas natural. En barrios y ciudades bonaerenses ubicadas en lo que el sistema considera «zona templada», los usuarios pagan una tarifa más alta por el mismo consumo que otra localidad catalogada como «zona fría», que accede a un esquema de subsidios y topes más favorables. La situación genera tensiones políticas y reclamos de intendentes y legisladores, que señalan que la geografía administrativa no siempre refleja la realidad climática: municipios azotados por heladas recurrentes y temperaturas bajo cero siguen sin figurar como zonas frías, aun cuando hoy comparten registros térmicos con localidades patagónicas.
La ola polar, además, destaca los costos sociales y económicos de este desajuste. Con temperaturas muy por debajo del promedio y jornadas consecutivas de frío intenso, muchos hogares bonaerenses incrementan el uso de calefacción a niveles que impactan fuertemente en la factura de gas y electricidad. En zonas donde el sistema de distribución está tensionado por la alta demanda, incluso se reportan complicaciones en el suministro, lo que crea un doble problema: familias que pagan más pero no siempre reciben un servicio estable. Mientras tanto, en ciudades que sí cuentan con el beneficio de zona fría, el esquema de subsidios amortigua en parte el impacto del invierno, generando una percepción de inequidad entre regiones que enfrentan condiciones similares pero con respaldos estatales muy distintos.
En este contexto, la discusión sobre zona templada y zona fría deja de ser un asunto técnico para convertirse en un tema de agenda pública. La combinación de récords de temperaturas mínimas, heladas, nieve en áreas poco habituales y alertas por frío extremo sobre Buenos Aires y provincias vecinas obliga a repensar el mapa tarifario y sus criterios. Con ocho ciudades bonaerenses ubicadas entre las más castigadas por la ola polar, la pregunta que se plantea es si la clasificación actual responde a la nueva realidad climática o si está desfasada frente a un escenario de inviernos más severos, donde la decisión de dónde trazar la línea entre templado y frío se traduce, día a día, en el monto que cada familia paga para poder calefaccionar su hogar.