El cierre de la textil Will Der S.A., dedicada a la fabricación de indumentaria deportiva, se ha convertido en un símbolo del deterioro de la industria bonaerense, dejando a más de 120 familias enfrentadas a la pérdida de su principal sustento. Según lo informado, la empresa decidió cerrar definitivamente sus plantas ubicadas en General Pacheco (Tigre) y en el Sector Industrial Planificado de Las Flores, sobre la Ruta Nacional 3, tras un proceso de reducción de personal que se prolongó durante meses, marcado por la caída de las ventas y la creciente presión sobre los costos. La decisión golpea de lleno a los trabajadores que, hasta el último momento, sostuvieron la producción en un contexto de crisis generalizada para el sector industrial.
En la planta de General Pacheco, el impacto es mayor: alrededor de 100 a 120 operarios quedaron en una situación de absoluta incertidumbre respecto de sus salarios, vacaciones e indemnizaciones. Los trabajadores habían sido informados previamente de que la empresa dejaría de funcionar, pero denuncian que nunca recibieron los telegramas de despido correspondientes para formalizar las desvinculaciones. En lugar de ello, la comunicación se hizo a través de mensajes de WhatsApp, en los que se les notificó que quedaban “suspendidos” y que la empresa se contactaría con cada uno de manera individual para negociar la salida. Esa modalidad, que evita la formalidad y desplaza el conflicto al plano privado, encendió las sospechas sobre la voluntad real de la compañía de cumplir con las obligaciones laborales.
La otra planta de Will Der en Las Flores también dejó de funcionar definitivamente, aunque allí el cierre se dio luego de una reducción paulatina de personal que se prolongó en los últimos meses. Unos 20 trabajadores quedaron afectados por la decisión, con el compromiso de la empresa, según fuentes locales, de avanzar con el pago de las indemnizaciones. La distribución del golpe social y económico muestra un mapa claro: la crisis se concentra en el conurbano norte, pero se extiende también a ciudades del interior bonaerense donde la industria textil es uno de los pocos motores de empleo formal. En total, se calcula que más de 120 trabajadores y sus familias quedan en la cuerda floja por el cierre de una firma que en su mejor momento llegó a tener más de 280 empleados.
Ante la falta de respuestas concretas, los operarios de Pacheco se mantienen en estado de asamblea y exigen la intervención del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires para que se definan con claridad las condiciones de las desvinculaciones y se garantice el pago íntegro de los salarios adeudados, vacaciones y resarcimientos. La preocupación se agrava por trascendidos que indican que la propuesta inicial de la empresa sería ofrecer solo una parte de las indemnizaciones correspondientes, alegando problemas financieros. Trabajadores y representantes sindicales advierten que aceptar recortes sobre los derechos conquistados implicaría sentar un precedente peligroso en una etapa marcada por cierres de plantas y ajustes en múltiples ramas de la producción.
El caso de Will Der no es aislado, sino que se inscribe en un escenario de crisis industrial que atraviesa la provincia y el país, con un goteo constante de cierres de fábricas y caída del empleo registrado. Informes sectoriales describen una dinámica de «noviembre negro» para la industria bonaerense, con casi 30 empresas que cierran cada día desde fines de 2023, en su mayoría pequeñas y medianas empresas. En paralelo, otras plantas textiles y alimenticias en localidades como Lanús, Munro, Llavallol o Río Grande han tomado medidas de fuerza, bloqueos y ocupaciones ante la combinación de caída del consumo interno, apertura de importaciones, atraso cambiario y aumento de costos energéticos y financieros. En este contexto, el cierre de Will Der se presenta como otro eslabón de una cadena de retroceso industrial que se traduce, en el territorio bonaerense, en más despidos, más familias en vilo y una sensación creciente de desprotección frente a decisiones empresariales que, por ahora, no encuentran un freno efectivo en las políticas públicas.